Escrache contra desahucio

 

Hace un par de días leí que el Comisario Pino (Eugenio Pino) había comunicado a sus policías, la orden de prohibir la palabra ESCRACHE en los informes, sugiriendo las acepciones “acoso”, “coacción” y “amenaza”, diccionario en mano, como prueba irrefutable de verdad. Inevitablemente la noticia me recordó una película que vi hace poco tiempo: Politist adjective del rumano Cornelio Porumboiu. El protagonista es Cristi, un policía que se niega a arrestar a un joven muchacho que fuma hachis con dos compañeros de clase.

Narrativa y formalmente la película desmonta las reglas del relato de la película policíaca estadounidense: no deben desmantelar la mayor red de trafico de drogas, las escenas de seguimiento no son emocionantes, la vigilancia es aburrida como los informes que se le ve escribir (gran momento); los trámites administrativos se muestran como son en realidad, exasperantes y lentos. Película anti-policíaca cuyo clímax es una conversación entre el comisario Anghelache, Cristi y otro compañero policía.

Escrache
Comisario Eugenio Pino

El comisario Pino me recordó a Anghelache, ambos obsesionados no solo por la represión policial sino también por la precisión lingüística de la que habla Roberto Cueto en su maravilloso análisis de la película. Efectivamente represión policial y precisión lingüística parecen caras de la misma moneda. Para Cristi, como policía, detener al sospechoso, sería un error, piensa que tarde o temprano la ley cambiará, y no quiere tener sobre su conciencia el peso de haber arruinado la vida a un adolescente por ese motivo. Sin embargo para el Comisario Anghelache el significado de la palabra “conciencia” de la palabra “ley” y de la palabra “policia” es diferente y como el Comisario Pino, a golpe de diccionario, cierra a Cristi cualquier posibilidad de ejercer como “sujeto”, como individuo, pasando a convertirse inexorablemente en un adjetivo, en algo que acompaña, que describe, en un funcionario que aplica la ley.

El poder del lenguaje y su potencia para construir realidad. Entendemos por ello la constante tentación de anghelaches y pinos de cerrarlo, de simplificarlo y reducirlo a una definición. Y qué pena todos esos policías y funcionarios, que han asumido su función de adjetivo dejando de ser sujetos con conciencia y con capacidad natural e intuitiva de saber lo que es justo, lo que es moral y lo que es excesivo y desproporcionado.

Atrapados en el lenguaje, solo nos queda confiar en la riqueza del relato y aunque prohíban la palabra escrache, la asociación de los conceptos desahucio-político-coacción/acción/amenaza/ siempre nos remitirá a una idea de injusticia, de inmoralidad y de desproporción, alojada ya en nuestro imaginario. No habrá informe policial, por duras que sean sus palabras, que pueda superar la violencia de un desahucio rodeado de horribles “adjetivos”.

 

 

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